Vanessa Díaz
Regalos del silencio...
jueves, 3 de abril de 2014
La oveja negra de la familia
"La oveja negra de la familia” es una expresión popular bastante común en nuestra cultura, utilizada generalmente para calificar, o más bien debo decir, DEScalificar a algún miembro de la familia. Dicha frase, proviene del hecho de que, para los criadores de rebaños de ovejas, resultaba indeseable el nacimiento de una oveja negra, debido a que su lana no era bien cotizada en el mercado.
Así, cuando nos referimos hacia algún miembro de la familia como “la oveja negra”, dejamos claro y por sentado, que se trata de un individuo que –no cumple- con las expectativas de su entorno o de la sociedad, que es alguien cuyas características son notoria y sobre todo –negativamente- distintas al del resto del grupo, por lo cual son señalados, rechazados y juzgados.
Pero: ¿Qué pasa con esa persona que ha sido considerada o se ha sentido siempre -la oveja negra de la familia-?
El ser señalado o sentirse poseedor de esta etiqueta, excluye a este miembro de la familia, haciéndolo perder todo sentido de pertenencia con los suyos y sus raíces. Esto conlleva a una pesada carga emocional para él o ella, que muchas veces se manifiesta en creencias y programaciones mentales negativas, creyéndose –no ser merecedor- de sus logros, y limitan su éxito.
Vale decir, que la vida es mucho más flexible de lo que nos han vendido. Culturalmente nos han hecho creer que la vida debe ser vivida en un único sentido, generalmente aquel que rige nuestra familia de origen. Sin embargo, si nos proponemos mirar, más despojados de criterios heredados, nos daríamos cuenta de que, la diversidad, es mucho más natural de lo que pensamos.
-SER DIFERENTES- no necesariamente implique –ser malos-. Cuánto llegamos a auto-castigarnos o a castigar a un pariente cercano, por no ser como se esperaba que éste fuera. ¡Basta de castigos! Un mismo estilo de vida no se ajusta perfectamente a todos, quizás la vida que eligió cada uno de tus padres, les sirvió y funcionó –a ellos-. Quizás lo que eligió cada uno de tus hermanos, fue provechoso para ellos, y así con cada uno. Pero: ¿por qué tendría que haber funcionado para ti?
Cada decisión trae consigo una consecuencia y por lo tanto un precio a pagar. Quienes escogen repetir las decisiones de –su manada- no escapan de ello. Solo que a veces, ni ellos ni los considerados –ovejas negras- logran ser conscientes de dicho precio. Pero esto no significa que no existan.
Si te ha tocado ser –la oveja negra- de la familia, basta de castigos. Aduéñate de tu vida, toma las riendas y si ya lo has hecho diferente, ahora resuélvete a que VALGA LA PENA.
Hazlo con consciencia, agradece la preocupación (válida) que hayan tenido los demás por ti y ahora conquista tu vida, revierte esa falsa creencia de que ser diferente implica estar equivocado. No hay aciertos ni desaciertos en sí mismos. Los aciertos son personales y propios. Elije CÓMO vivir tu vida y luego imprímele lo mejor de ti y demuéstranos a todos, cómo eso TE HACE FELIZ.
Vanessa Díaz
Psicoterapeuta, Renacedora y Consteladora Familiar
@conoSERte_VD
@Vanessa_1312
conosertevd@gmail.com
¡Sexo! ¿Complacer o Disfrutar?
Culturalmente, el sexo, está casi tácitamente ligado al disfrute, sin embargo, siendo este un aspecto tan amplio y al mismo tiempo tan censurado por el peso de los tabúes, para muchos no necesariamente “sexo” sea sinónimo de placer.
En la práctica de la sexualidad, pedirle a la pareja que nos complazca en algo específico (bien sea porque la misma es una fuente particular de placer o por experimentar nuevas sensaciones), representa una oportunidad de mucho potencial para cultivar la compatibilidad sexual de la pareja. Sin embargo, el punto determinante aquí, que hará la diferencia, radica en cómo el “dador” de dicha solicitud, asuma el desafío.
Desde esta óptica, considero que hay dos formas de complacer:
La primera: enfocado en el objetivo de producir placer en el otro. Bien sea, haciéndolo según nuestra propia idea de cómo sería más placentero para ella o para él; siguiendo expresamente sus instrucciones, o simplemente haciéndolo solo por cumplir una petición, sin involucrarnos demasiado en el hecho en sí, incluso algunas veces para algunos resulta hasta molesto, incómodo o desagradable y simplemente “cumplen”. Pero en cualquier caso, enfocados en el placer del otro.
Desde esta perspectiva, la probabilidad de que la actividad se torne autómata, rígida y con un gran desperdicio de toda la potencialidad que representa el momento, es muy alta.
La segunda forma de complacer, y es la que este artículo pretende proponer o reforzar, tiene que ver con que, al asumir este rol de “dador de placer” sea DESDE NUESTRO PROPIO PLACER. Esto dicho así, pareciera estar redundando o hablando de algo que se asume como tácito, sin embargo no es así.
A ver, te invito a que pienses en los distintos juegos, tipos de estimulación, caricias o actividades sexuales que sueles realizar con tu pareja, ubícate en el rol de dador. Piensa, cuando estás estimulando a tu pareja: ¿En qué porcentaje el foco de TU atención está en que a tu pareja le guste, en que se sienta complacido, en que sienta el máximo placer y en ese pensamiento te pierdes TÚ?
Me atrevo a asegurar que en un gran porcentaje, muchos se concentran más en generar placer en el otro, olvidándose o perdiendo la consciencia de sus propias sensaciones en ese justo instante. Aclaro, no es que esté mal pretender dar placer al otro, NO, ese no es el punto.
La propuesta es: En este proceso de DAR placer al otro, cambiemos el foco. No te concentres en cómo le gustaría al otro, concéntrate en que te guste a TI. TÚ pasas a ser el foco principal, cómo te gusta más HACERLO, a qué ritmo, a qué velocidad, con qué intensidad te gusta -a TI-. Pero esto exige que actives al máximo cada uno de tus sentidos, exige que TE HAGAS CONSCIENTE de lo que estás haciendo en referencia a LO QUE VAS SINTIENDO a cada paso. Esto pudiera sonar egoísta, pero no.
La CLAVE es que cuando ejecutas el estímulo, de la forma en que resulta más placentero para TI darlo, en la medida en que tú encuentres los máximos niveles de TU PROPIO placer ejecutando cada actividad específica, automáticamente se traducirá también, en el máximo nivel de placer que el otro puede experimentar.
Entonces: ¡Por supuesto que se puede complacer al otro!
Sin embargo, es vital, tomar en consideración la premisa acuñada en el artículo de la edición anterior: “El cerebro es el principal órgano sexual”, por lo tanto es primordial preparar nuestra mente para el encuentro sexual, generar apertura para desmontar los programas mentales instalados que nos llevan a desempeñarnos en –modo automático- impidiendo el paso a lo nuevo. Romper viejos y limitantes esquemas.
Así que comencemos desde la mente, a generar una actitud orientada a la búsqueda y exploración de nuevas sensaciones, ir al acto sexual haciéndonos CONSCIENTES de cada uno de nuestros sentidos, activarlos, poner atención, estar presente en cuerpo, mente y alma. Deshacernos de esa vieja costumbre de complacer para el disfrute del otro. El nuevo enfoque consiste, en que al momento de realizar algún juego o actividad sexual sea DESDE NUESTRO PROPIO PLACER y esto NECESARIAMENTE contempla la auto-exploración, el auto-aprendizaje, el auto-descubrimiento para encontrar la forma en que resulte más placentero para ti en el intento de complacer al otro.
Poner esto en práctica no solo hará la diferencia en ti, sino que tu pareja experimentará nuevos niveles de placer. ¡Es un juego! Tú disfrutas al máximo, por lo tanto, tu pareja disfruta al máximo, y entran en un circulo en el que lo único que puede pasar, es que estallen de puro placer.
Entonces ¿Complacer? Sí, válido, pero a partir de ahora que no sea excluyente del propio disfrute. De ahora en adelante que sea: complacer “Y” disfrutar.
Caminemos juntos este viaje hacia nuestro ser esencial, donde la clave es conoSERte.
Vanessa Díaz
Psicoterapeuta, Renacedora y Consteladora Familiar
@conoSERte_VD
@Vanessa_1312
conosertevd@gmail.com
¡S e x o! Creencias y prejuicios
¿Qué piensas acerca del sexo? Tómate unos minutos y observa qué pensamientos generas cuando lees o escuchas esta palabra, de ser posible anótalos.
El sexo es un tema bastante frecuente en los grupos, aunque generalmente suele abordarse de forma jocosa y/o usando el –doble sentido-. Sin embargo, cuando el “sexo” es traído a colación, independientemente del artificio del que se valga, sin duda genera un efecto en nosotros. Parte de este efecto, quizás sea manifestado con fines amigables y participativos dentro del grupo, pero: ¿qué pasa con aquellos pensamientos y dudas que surgen a partir de esta inocente tertulia y que nos reservamos en nuestro interior?; ¿Dónde se originaron y cuánta importancia les damos?
Y es que en torno al sexo yacen grandes tabúes en los que comúnmente nos sentimos inmersos, con la muy falsa idea de estar atrapados –SOLOS- en ellos, sin saber que este espacio de dudas, inquietudes y temores es mucho más compartido por muchos, de lo que imaginamos.
Si hiciéramos el ejercicio de preguntar en nuestro entorno quién recibió a temprana edad una educación sexual que le diera la suficiente información para iniciar su sexualidad con cierto nivel de preparación, lo más probable es que el mayor porcentaje responda “no haberla recibido”. En nuestra cultura, la sexualidad no ha sido un tema a considerar, al menos con carácter formal, en la educación y formación de un individuo. Esto ha originado que la información que recibimos venga sesgada por quien o quienes la provean y en consecuencia, nuestra posterior relación con la propia sexualidad estará igualmente muy impactada por los juicios, con los que esta información fue originada.
Por lo tanto, nuestra vida sexual o capacidad de respuesta sexual, es un aspecto que, al menos en principio, está marcado por una programación mental instalada. Dicha programación puede ser permisiva, de apertura y enfocada al placer o más bien prohibitiva, restrictiva, culposa con tendencia a lo no placentero o molesto.
Si a esto añadimos que en términos generales, culturalmente, el sexo ha sido reducido netamente a su aspecto físico, nos encontramos con un escenario saturado de limitaciones y restricciones. Todos estos factores y muchos otros, no mencionados aquí, perjudican nuestrasexualidad y nos impiden, no solo una vida sexual sana sino también que ésta vaya en evolución y crecimiento.
En estos tiempos de expansión de la conciencia, la sexualidad no puede quedarse atrás, es hora de comenzar a concientizar la gran relevancia que tiene este aspecto por demás natural en el ser humano y mover sus falsos linderos para comenzar a darle cabida a nuevas concepciones y desmitificar aquellas que hemos heredado de forma perjudicial, con el fin de liberarnos de tabúes y paradigmas que reprimen y restringen nuestro desempeño sexual para comenzar a sentirnos dignos y merecedores de dar y recibir placer.
Para ello, resulta de vital importancia concientizar que el órgano sexual más importante es: EL CEREBRO. Éste es capaz de despertar o bloquear la respuesta de eventos físicos relacionados con la excitación sexual. Por esta razón, es imprescindible cuestionar, analizar y reconsiderar las creencias y prejuicios que hemos adoptado en torno a la sexualidad. Si nuestro sistema de creencias alberga ideas como: el sexo es malo, sucio, pecaminoso, enfermizo, nuestra sexualidad se verá afectada de forma negativa, alejándonos del placer y sus consecuentes beneficios.
Convendría examinar estas creencias y buscar las herramientas para transformarlas y propiciar así una predisposición más beneficiosa para la propia sexualidad.
El sexo, o acto sexual despierta en nosotros la energía sexual, ésta a su vez es ENERGÍA DE VIDA, y tiene un efecto en nuestros cuerpos: físico, emocional, mental y espiritual. Es una energía asociada directamente con el placer, por lo tanto, puede decirse que TODO aquello que produzca “placer” es energía sexual.
Retomemos la pregunta inicial: ¿Qué piensas acerca del sexo? ¿Qué pensamientos te surgen? Si hace ya un tiempo que has iniciado tu vida sexual, probablemente responderías que el sexo es sinónimo de placer, de gozo y disfrute, o quizás no. Entonces, ahondemos un poco más. Centremos la atención en ese aspecto de tu sexualidad que no resulta tan placentero y para ellos los invito a buscar información, a investigar, indagar acerca de ejercicios y prácticas que nos aporten los cambios necesarios para mejorar y potenciar nuestra vida sexual.
En este espacio, en futuras publicaciones, estaremos compartiendo más tópicos relacionados con este tema, con la idea de proporcionar apoyo y guía a quienes les resulte de interés.
Vanessa Díaz
Psicoterapeuta, Renacedora y Consteladora Familiar
@conoSERte_VD
@Vanessa_1312
conosertevd@gmail.com
viernes, 31 de agosto de 2012
NO TIENES QUE HACER NADA…
NO TIENES QUE HACER NADA…
Hace aproximadamente unos cuatro años, una persona que se presentaba como una especie de guía espiritual, ante una situación de crisis que yo estaba atravesando me dijo: “No tienes que hacer nada”, al escuchar aquello sentí decepción y hasta pensé “este –señor- está loco. Pero como me pasa siempre con las cosas que no logro comprender al momento, esas palabras de vez en vez venían a mi mente, como buscando calar. HOY, habiendo transcurrido unos cuantos inviernos emocionales más, lo comienzo a comprender y más aún, considero es de las lecciones más valiosas, importantes y útiles que nos convendría a todos aprender, o al menos –intentar practicar-.
Si a este mensaje que en aquel momento me quiso transmitir -Jorge-, le sumo una de las máximas de mi respetada y amada Carola Castillo: “Una energía no va a otro lugar hasta que se agota en sí misma”, entonces la lección va tomando más sentido.
Me explico, a lo largo de mi vida personal, sobre todo en esos momentos duros, difíciles, esos donde sentimos “tocar fondo”, siempre se activa en mí, así como me atrevo a aseverar que se activa en todos, esa necesidad de pretender zafarnos de un solo zarpazo de la situación que nos agobia. Y una y otra vez nos decimos –a nosotros mismos-: “ya, hasta hoy…”; “ésta es la última vez que…”; “esto se tiene que terminar…”; entre muchas otras expresiones de similar intención. Y emprendemos una batalla titánica por conseguir el objetivo CLARO de poner fin a la situación.
Otro gran estudioso de los temas humanos, el reconocido Carlos Fraga con su famoso “viaje de la mente al corazón”, sustenta también esta idea. Y es que, en todos estos, por lo general, fallidos intentos, nos olvidamos de este importante e ineludible viaje.
Poco importa cuánto queramos o necesitemos deshacernos del sentimiento o situación que estamos atravesando, es necesario descubrirnos cada vez más realistas y concientes de que las crisis, son procesos, y como “proceso” consta de una consecución de etapas que ineludiblemente tenemos que vivir. Y estas etapas son justamente las que elaboran este viaje. Muchas veces, la mente sabe lo que nos conviene y lo que no, y generalmente queremos hacerle caso a nuestra mente mientras que el corazón desea con fuerza seguir el camino que traía. En este conflicto interno muchas veces nos perdemos y no sabemos qué hacer. Ni entendemos cuando escuchamos decir, sigue tu corazón. Realizar este viaje, es justamente brindarle el tiempo que el corazón requiere y necesita, para comprender lo que quizás la mente ya entendió mucho antes y cuando este entendimiento se produce en el corazón, es justo cuando ya la energía se está agotando.
Por eso hoy les digo: “NO TIENES QUE HACER NADA…”, aunque quizás esto les suene absurdo, -no tienes que hacer nada-, mientras más luchamos contra la situación se hace mucho más pesada y difícil de llevar y sobre todo de trascender. Quizás a otros les puede sonar –fácil- el no tener que hacer nada, sin embargo tampoco lo es. No hacer nada, desde este enfoque, implica vivir cada fase de la situación tal cual se presenta, reconociendo que lo que nos aqueja tiene una valoración en nuestra escala de asuntos importantes y al salirse de lo esperado, es imposible que no nos cause inconformidad, frustración y en el fondo, siempre: DOLOR.
No tienes que hacer nada, hasta que esa “energía” no se agote, no se transformará en otra, no irá a otro lugar y no trascenderá. Esperar que esto suceda, necesariamente amerita realizar el aventurero viaje de la mente al corazón. No hacer nada, tiene que ver con vivir, CONCIENTEMENTE, cada etapa de la situación, sabiendo que un día sentimos que podemos y que hemos avanzado y que al instante nos descubrimos hundidos en el mismo debate interno. Pero incluso así, estamos avanzando. Es imperante aprender a RECONOCER que todas las emociones que se nos despiertan en estas situaciones de crisis, son válidas, auténticas y dignas de respeto, por muy oscuras que parezcan. Muchas veces, por nuestros valores religiosos, entramos en “culpa” cuando sentimos experimentar –odio- porque creemos que Dios no nos verá con buenos ojos. Y ni siquiera nos damos cuenta de que muchas veces ese odio, no es más que un amor herido. No hacer nada tiene que ver más con ese famoso “fluir” al que nos invitan los grandes maestros espirituales, con abandonar la lucha. Entendiendo por “lucha” esa batalla atropellada que pretende ir en contra del curso “natural” con que se van presentando las cosas. Esta lucha que debemos aprender a abandonar, es esa terquedad porque las cosas sean como nosotros “creemos” que serían mejor y que no está sucediendo de forma fluida. Es ese empeño forzoso de buscar encausar las cosas hacia lo queremos y desviarlo del cauce que –la vida, el universo o Dios- han dispuesto que sea.
Ayer presencié una escena en una conocida franquicia de comida rápida que me tocó profundamente y que me sirve para ilustrar lo que trato de transmitir. En la mesa de al lado donde me senté con mis amigas estaban una muchacha y un muchacho, no sé cuál era el vínculo que los unía, quizás hermanos, quizás primos, quizás pareja, lo rescatable para mí de esa escena, es que ambos estaban sumidos en una evidente tristeza. El muchacho prácticamente acostado sobre la mesa con expresión de total y absoluta tristeza y la muchacha sentada frente a él, lloraba sensiblemente, sin drama, solo sumida en su dolor. Ninguno miraba al otro, solo estaban allí, acompañándose, -SINTIENDO- el dolor, pero lo que más me llamaba la atención es que, no se percibía lucha, esta lucha de la que les hablo, ambos estaban en un estado de -entrega-, ambos estaban asintiendo a lo que estaban viviendo, en ese momento, quizás sin saberlo, ellos comprendieron que no tenían que hacer nada. Quizás, en este –no hacer nada- cabría decir, tenderse en las manos de Dios.
En este no hacer nada, paradójicamente es válido “hacer” también. ¿Cuál es la distinción entre mi invitación inicial de -no hacer nada- y ahora decirles que también se puede hacer? Pues, te explico: Con -No hacer nada- me refiero a salirnos de la frustrante idea de que podemos deshacernos de un solo intento de la situación que nos aqueja, se refiere a tomar conciencia de que esto tomará su tiempo y habrá momentos malos, otros peores y uno que otro, donde quizás nos sintamos tomando un respiro nuevamente, pero que el proceso hacia la salida de la situación es paso a paso, de a poquito, con sus altos y sus bajos. Sin embargo, es válido “hacer” también, actividades nuevas, toda situación de crisis es una invitación que la natural evolución de la vida, de –nuestra propia vida, nos hace, ¿para qué? Para re-descubrirnos, para conocer aspectos nuestros que nunca imaginamos tener. Salirnos de la rutina, intentar rescatar sueños que por alguna razón dejamos olvidados, hacer nuevos intentos, conocer gente nueva, aprender algo nuevo y en una palabra: BUSCAR. Este “hacer” sí puede darnos grandes aportes en el proceso de trascender la situación que estamos atravesando.
No tienes que hacer nada, pero haz algo nuevo, diferente, atrévete a buscar y a nunca dejar de intentar.
lunes, 5 de septiembre de 2011
A mis padres, en su 36 Aniversario de bodas…
Dice mi maestra, Carola Castillo: "Mi papá ES EL MEJOR, pues encontró a mi mamá"... Creo que no podría comenzar estas palabras de otra manera, porque para mí y sé que para mis hermanos también es así, ustedes son los mejores.
¡No habrían podido hacerlo mejor!
Cada uno es un gran ejemplar de su género: mi mamá, una gran mujer, de un corazón inmenso, generadora y transmisora de alegría, auténtica, apasionada, un ser de amor. Mi papá, un hombre tan ecuánime, sereno, paciente, observador, respetuoso, previsivo, visionario y siempre con la palabra justa en el momento indicado.
Solo tres meses de amores y 36 años de casados... 36 años que seguro se dice muy fácil para nosotros, los observadores externos y seguramente se libraron muchas batallas para llegar aquí, pero como hija, hoy me siento, inmensamente orgullosa, porque sé que no son un matrimonio de apariencias, hoy me enorgullezco de ver la hermosa pareja que son. Me conmueve verlos juntos, acompañándose, cuidándose, consintiéndose, respetándose, admirándose, amándose.
Hoy honro, todo lo que tuvo que pasar, para que este día haya sido posible. Mis respetos para esos corazones que tuvieron que quedarse rotos, para que ustedes lograran unirse, porque a veces, creemos que es la ley de la vida y no apreciamos lo que quedó atrás, muchas veces herido, para que esto haya sido posible.
Héctor y yo, ese hermanito que no pudo llegar y quedarse con nosotros y que abrió el espacio para q Domi llegara, recibimos la vida de ustedes, ya eso es lo más grande, sin embargo, nos tocó la fortuna de que además de la vida, nos brindaran su amor y su guía. Supieron ganarse nuestro respeto y así fuimos cediendo cada vez que nos mostraban el camino. Nos convirtieron en tres adultos exitosos. Pero el mayor logro, sin duda, lo llevamos en el corazón, somos personas con una alta calidad humana y eso, es solo una extensión de lo que ustedes son.
Ya Héctor logró pasar la vida que tomó de ustedes, Samuel es la más bella extensión de sus abuelos paternos y maternos, esa es la única manera de retribuirles lo que nos fue dado. Con el favor de Dios, a Domi y a mí, nos llegará también nuestro tiempo.
Honro a mis abuelos: Miguel, María Josefa, Jesús y mi abuela María Felicidad, donde quiera que estén: GRACIAS...
Gracias papi, por elegir a mi mamá, gracias mami por elegir a mi papá. No les quede duda de lo orgullosos pero sobretodo, privilegiados que nos sentimos de que sean nuestros padres.
Gracias DIOS por bendecirnos de esa manera...
Feliz aniversario y que Dios les de vida y salud para celebrar muchos más...
¡Los amo!
¡No habrían podido hacerlo mejor!
Cada uno es un gran ejemplar de su género: mi mamá, una gran mujer, de un corazón inmenso, generadora y transmisora de alegría, auténtica, apasionada, un ser de amor. Mi papá, un hombre tan ecuánime, sereno, paciente, observador, respetuoso, previsivo, visionario y siempre con la palabra justa en el momento indicado.
Solo tres meses de amores y 36 años de casados... 36 años que seguro se dice muy fácil para nosotros, los observadores externos y seguramente se libraron muchas batallas para llegar aquí, pero como hija, hoy me siento, inmensamente orgullosa, porque sé que no son un matrimonio de apariencias, hoy me enorgullezco de ver la hermosa pareja que son. Me conmueve verlos juntos, acompañándose, cuidándose, consintiéndose, respetándose, admirándose, amándose.
Hoy honro, todo lo que tuvo que pasar, para que este día haya sido posible. Mis respetos para esos corazones que tuvieron que quedarse rotos, para que ustedes lograran unirse, porque a veces, creemos que es la ley de la vida y no apreciamos lo que quedó atrás, muchas veces herido, para que esto haya sido posible.
Héctor y yo, ese hermanito que no pudo llegar y quedarse con nosotros y que abrió el espacio para q Domi llegara, recibimos la vida de ustedes, ya eso es lo más grande, sin embargo, nos tocó la fortuna de que además de la vida, nos brindaran su amor y su guía. Supieron ganarse nuestro respeto y así fuimos cediendo cada vez que nos mostraban el camino. Nos convirtieron en tres adultos exitosos. Pero el mayor logro, sin duda, lo llevamos en el corazón, somos personas con una alta calidad humana y eso, es solo una extensión de lo que ustedes son.
Ya Héctor logró pasar la vida que tomó de ustedes, Samuel es la más bella extensión de sus abuelos paternos y maternos, esa es la única manera de retribuirles lo que nos fue dado. Con el favor de Dios, a Domi y a mí, nos llegará también nuestro tiempo.
Honro a mis abuelos: Miguel, María Josefa, Jesús y mi abuela María Felicidad, donde quiera que estén: GRACIAS...
Gracias papi, por elegir a mi mamá, gracias mami por elegir a mi papá. No les quede duda de lo orgullosos pero sobretodo, privilegiados que nos sentimos de que sean nuestros padres.
Gracias DIOS por bendecirnos de esa manera...
Feliz aniversario y que Dios les de vida y salud para celebrar muchos más...
¡Los amo!
viernes, 29 de julio de 2011
¿Predicadores o Practicantes?
En mi primer día de formación como Constelador Familiar, con Carola Castillo, entre las TANTAS expresiones que se me quedaron grabadas revoloteando de vez en vez, en mis pensamientos, le escuché decir: "Yo formo practicantes, NO predicadores", aquello me retumbó por dentro y a pesar de que, el contexto en el que lo dijo no fue precisamente el religioso, fue inevitable para mí no trasladarme a ese plano, porque me dio la ficha que durante años me había faltado. Pues el tema religioso, ha sido en buena parte de mi vida, uno de esos aspectos que, por no encontrar coherencia entre "lo predicado y lo practicado, por los practicantes" tuve que ~poner en remojo~ y caminarmelo de a poco, teniendo para ello incluso que declararme atea en un momento de mi vida, en señal de que, quizás por mi naturaleza rebelde (con causa), no me sentía honesta atribuyéndome un catolicismo que de fondo no me terminaba de convencer y que más allá de eso, realmente no conocía lo suficiente como para sentir convicción de serlo, sino que, asi como para la gran mayoría, simplemente era una condición meramente heredada.
Practicantes, no predicadores. Esta expresión, sigue soportando y validando, lo que genera mis reservas respecto a todas las religiones, que yendo a fondo, realmente no es tanto hacia las religiones como tal, sino a la forma en que sus seguidores la viven: más hacia afuera que hacia adentro.
Sobretodo en estos tiempos, donde la iglesia católica, cada vez más, ha ido perdiendo adeptos mientras las nuevas ideologías religiosas los han ido ganando y cada vez te tropiezas con más y más personas, citando versos de la biblia y hablando de Jesús y su legado.
Antes de seguir a la idea central de lo que quiero expresar, quiero comentar, que recientemente tuve la oportunidad de asistir a una iglesia adventista, de hecho todavía asisto cada tanto y aunque no conozco la doctrina a fondo, lo que he podido experimentar allí, ha sido trascendental para responder muchas de las preguntas que llevaba años haciéndome. De lo que conozco de sus pilares ideológicos, algunos no los comparto, pero en otra importante medida, considero que hacen una labor de gran impacto positivo irrefutable en el seno del hogar-la familia, lo cual, en definitiva, repercute también en la sociedad y no tengo duda de que las restantes tendencias religiosas también lo hacen.
Sin embargo, lo que aún me sigue generando rechazo, es ver cómo hay tanta gente en estos grupos, haciendo esfuerzos por aprender a interpretar la palabra de Dios, considerándola "manual de vida", quizás buscando encauzar su vida de una forma digna ante los ojos del creador y todos con motivos muy válidos, pero que en el camino, a MI JUICIO muy personal, se vuelven ~predicadores~, creyéndose practicantes solo por sentirse apoyados en su disciplinada práctica de asistir al culto el día q corresponde, pese a cualquier circunstancia, así como a todas las actividades que ésta convoque.
Yo me pregunto: ¿Es ésto lo que los hace practicantes? Asistir a cada actividad, desplazando cualquier otra, sin excepción, con tal rigurosidad que, en muchos casos pareciera trascender el límite que colinda con el "fanatismo".
También le he escuchado decir a Carola Castillo: "Si quieren saber de espiritualidad, hay que caminar en la tierra, la mayor espiritualidad está aquí en la tierra". Confieso no haber comprendido la primera vez que se lo escuché. Pero ahora lo veo, de qué sirve orar, rezar, pedir a Dios, ir "religiosamente" sin falta a la iglesia o templo, si no procuramos ser personas CAPACES de asumir lo que nos toca, responsablemente.
En MUCHOS casos de estas personas muy asiduas, al llegar a casa, les cuesta acercarse a abrazar a mamá o a papá, o a su pareja, a un hermano o hermana, o a los hijos. Y es ésto justamente, lo que me advierte incongruencia. El mundo relacional, que conforman los más cercanos a esta gran cantidad de personas creyentes, "debería ser" la verdadera PRÁCTICA, es allí donde la palabra de Dios debería evidenciarse. En las situaciones adversas, que demandan nuestra RESPONSABILIDAD en lo que "nos toca" asumir, con adultez, con entereza, con firmeza, con esa fuerza que Dios pareciera inyectar a través de su palabra, ES donde debería verse el resultado de tanta teoría.
Visto de esta manera, personalmente conozco gente mucho más "espiritual" fuera de las iglesias. Porque es fácil sentir amor por el prójimo en aquel que ves solo cuando asistes a la iglesia, con el que solo compartes en una de sus facetas y que es en la que justamente, tienen afinidad: la tendencia religiosa. Pero DIFÍCIL es amar al prójimo que sentimos que nos hirió, como un padre que abandonó, una pareja que nos traicionó, un hijo que no obedece a las imposiciones de los padres y todos los infinitos casos que verdaderamente exigen lo más espiritual de nosotros.
Y no hablo de que sea fácil, ni tampoco de que considere inadecuado tener alguna tendencia religiosa: ¡NO! Mi llamado, mi inquietud, mi alarma es, revisemos si estamos más en el rol de predicadores o en el de practicantes, tantea en tu entorno, qué tan atendidos, amados, tomados en cuenta, se sienten los más cercanos a ti. Ese es el verdadero termómetro espiritual. Qué tanta fuerza somos capaces de tomar, cuando lo que nos toca afrontar se parece al gigante Goliath de una de las parábolas de la Biblia. ¿Dónde está la fe ahí?
¿Cuán fieles le somos a Jesús y a Dios cuando preferimos evadir antes que asumir?
Entonces, mi pregunta es: ¿la búsqueda verdadera es: Dios ó salvar culpas?; ¿En qué porcentaje se predica y en qué porcentaje se practica?
Para reflexionar…
Practicantes, no predicadores. Esta expresión, sigue soportando y validando, lo que genera mis reservas respecto a todas las religiones, que yendo a fondo, realmente no es tanto hacia las religiones como tal, sino a la forma en que sus seguidores la viven: más hacia afuera que hacia adentro.
Sobretodo en estos tiempos, donde la iglesia católica, cada vez más, ha ido perdiendo adeptos mientras las nuevas ideologías religiosas los han ido ganando y cada vez te tropiezas con más y más personas, citando versos de la biblia y hablando de Jesús y su legado.
Antes de seguir a la idea central de lo que quiero expresar, quiero comentar, que recientemente tuve la oportunidad de asistir a una iglesia adventista, de hecho todavía asisto cada tanto y aunque no conozco la doctrina a fondo, lo que he podido experimentar allí, ha sido trascendental para responder muchas de las preguntas que llevaba años haciéndome. De lo que conozco de sus pilares ideológicos, algunos no los comparto, pero en otra importante medida, considero que hacen una labor de gran impacto positivo irrefutable en el seno del hogar-la familia, lo cual, en definitiva, repercute también en la sociedad y no tengo duda de que las restantes tendencias religiosas también lo hacen.
Sin embargo, lo que aún me sigue generando rechazo, es ver cómo hay tanta gente en estos grupos, haciendo esfuerzos por aprender a interpretar la palabra de Dios, considerándola "manual de vida", quizás buscando encauzar su vida de una forma digna ante los ojos del creador y todos con motivos muy válidos, pero que en el camino, a MI JUICIO muy personal, se vuelven ~predicadores~, creyéndose practicantes solo por sentirse apoyados en su disciplinada práctica de asistir al culto el día q corresponde, pese a cualquier circunstancia, así como a todas las actividades que ésta convoque.
Yo me pregunto: ¿Es ésto lo que los hace practicantes? Asistir a cada actividad, desplazando cualquier otra, sin excepción, con tal rigurosidad que, en muchos casos pareciera trascender el límite que colinda con el "fanatismo".
También le he escuchado decir a Carola Castillo: "Si quieren saber de espiritualidad, hay que caminar en la tierra, la mayor espiritualidad está aquí en la tierra". Confieso no haber comprendido la primera vez que se lo escuché. Pero ahora lo veo, de qué sirve orar, rezar, pedir a Dios, ir "religiosamente" sin falta a la iglesia o templo, si no procuramos ser personas CAPACES de asumir lo que nos toca, responsablemente.
En MUCHOS casos de estas personas muy asiduas, al llegar a casa, les cuesta acercarse a abrazar a mamá o a papá, o a su pareja, a un hermano o hermana, o a los hijos. Y es ésto justamente, lo que me advierte incongruencia. El mundo relacional, que conforman los más cercanos a esta gran cantidad de personas creyentes, "debería ser" la verdadera PRÁCTICA, es allí donde la palabra de Dios debería evidenciarse. En las situaciones adversas, que demandan nuestra RESPONSABILIDAD en lo que "nos toca" asumir, con adultez, con entereza, con firmeza, con esa fuerza que Dios pareciera inyectar a través de su palabra, ES donde debería verse el resultado de tanta teoría.
Visto de esta manera, personalmente conozco gente mucho más "espiritual" fuera de las iglesias. Porque es fácil sentir amor por el prójimo en aquel que ves solo cuando asistes a la iglesia, con el que solo compartes en una de sus facetas y que es en la que justamente, tienen afinidad: la tendencia religiosa. Pero DIFÍCIL es amar al prójimo que sentimos que nos hirió, como un padre que abandonó, una pareja que nos traicionó, un hijo que no obedece a las imposiciones de los padres y todos los infinitos casos que verdaderamente exigen lo más espiritual de nosotros.
Y no hablo de que sea fácil, ni tampoco de que considere inadecuado tener alguna tendencia religiosa: ¡NO! Mi llamado, mi inquietud, mi alarma es, revisemos si estamos más en el rol de predicadores o en el de practicantes, tantea en tu entorno, qué tan atendidos, amados, tomados en cuenta, se sienten los más cercanos a ti. Ese es el verdadero termómetro espiritual. Qué tanta fuerza somos capaces de tomar, cuando lo que nos toca afrontar se parece al gigante Goliath de una de las parábolas de la Biblia. ¿Dónde está la fe ahí?
¿Cuán fieles le somos a Jesús y a Dios cuando preferimos evadir antes que asumir?
Entonces, mi pregunta es: ¿la búsqueda verdadera es: Dios ó salvar culpas?; ¿En qué porcentaje se predica y en qué porcentaje se practica?
Para reflexionar…
miércoles, 1 de junio de 2011
Si de AMOR se trata, no te conformes...
Entre los infinitos temas humanos, el amor, es uno de los que más me apasiona… Y esto no es casualidad, es netamente “caUsal”, pues ha sido el ámbito de mi mayor trabajo personal…
Lo que quiero exponer hoy es algo que me inquieta profundamente y que por ser un tema tan extenso, complejo y personal, lo había pospuesto hasta hoy. Pero las heridas nos mueven y las mías me trajeron a mover el teclado.
Es MUCHO lo que se dice en torno a “la pareja ideal”… Vaya que es un tema complejo y polémico. Desde mi divorcio, el tema de la pareja, el amor y las relaciones han ocupado gran espacio en mis reflexiones. Es mucho lo que he leído, pero es aún más, lo que la vida me ha invitado a constatar, aunque no tan sutilmente… pero hoy entiendo que la contundencia de los hechos es proporcional al grado de adormecimiento que cada uno tenga.
Culturalmente, se nos ha legado como parte de la “moral” y las buenas costumbres, que “llegado el momento”, debemos buscar la persona adecuada para casarnos y formar un hogar. Y como corderitos, vamos todos arreados por este estrechísimo camino. Entonces acudimos al famoso “check list” que nos dan como patrón. Lo que (me atrevo a decirlo así) en la época de antes se hacía y entre comillas, funcionaba. La mujer para casarse, una muchacha de su casa, con valores y principios, de buena familia, con los años se le añadió: profesional y trabajadora. El hombre para casarse: un muchacho profesional, trabajador, próspero, de buena familia, económicamente solvente. Y por ahí van las pistas que todos comenzamos a seguir, con la ilusión de correr mejor suerte que otros a nuestro alrededor, que pareciera, que a pesar de haber seguido las mencionadas pautas, no les ha ido del todo como esperaban.
Y con los años “el matrimonio” ha adquirido MUY mala reputación, y aunque la gran mayoría lo anhela en silencio, ya pocos apuestan a él con la misma fe ciega de antes, sino más bien, resignados a que es ley de vida, como un mal necesario.
Siempre me ha alarmado ver, que como sociedad, nos hemos vuelto ciegos e inconcientes y hemos aceptado como “normal” que el resultado de la unión en pareja sea mayoritariamente el mismo: la insatisfacción. Pareciera que todos nos hemos resignado a que no hay forma de que en algún momento, la relación llegue a su punto de quiebre. Y entonces como consecuencia, el matrimonio, o la unión en pareja, se ha vuelto prácticamente un convenio contractual, casi como formar una empresa, cuyos productos a fabricar son: hijos y “familia”.
No sé a ustedes, pero a MÍ, me parece ALARMANTE. Será porque mis referencias en torno a la pareja y a la familia son muy especiales. Unos padres, que ante todo, primero fueron “pareja”, con amor, con entrega, con dedicación, con respeto, con ganas, con visión. Y como padres, con amor, con entrega, con dedicación, con respeto, con sacrificios, con ganas, con visión.
Es lo que aspiro y deseo construir, pero no me ha sido tan fluido y rápido como lo fue para ellos, al menos hablando en términos de tiempo y edades. Han sido muchos los intentos, empecé por esos caminos ya mencionados unas líneas atrás y que en el caso de mis padres, como quizás en el de los tuyos, funcionaron.
No pretendo imponer mi experiencia, intento que mires tu historia, desde los que te preceden hasta pasearte por todas las que te ha tocado vivir en tu experiencia personal. Que busques lo que te ha funcionado y lo que no, pero debo ser honesta, mi principal mensaje hoy, en estas líneas, es que “NO TE CONFORMES”, no te resignes a que tu historia irremediablemente será igual a todas las que miramos alrededor con tristeza y con susto. Las reglas se han querido escribir, pero no lo están, han sido dichas y nos hemos vuelto esclavos autómatas, hemos sepultado nuestra capacidad para hacerlo diferente, no desde el irrespeto, ni desde la soberbia o arrogancia, que no serviría, sino al contrario, desde el reconocer lo caduco y en honor a lo que fue y funcionó, evolucionar para dejar un mejor legado a nuestros sucesores, que además llevarán nuestra sangre y solo eso debería ser suficiente aliciente.
A mis 32 años, con un divorcio y unos cuántos fallidos intentos de encontrar mi compañero de vida, ratifico que aún no me he dado por vencida. No me voy a conformar con menos de lo que quiero, y sé, que tú, ahí sentado leyéndome, debes estar pensando que me voy a quedar para vestir santos, porque el hombre perfecto no existe. Y ciertamente no existe el hombre perfecto, pero existe el perfecto para cada quién, y LA VIDA me lo va demostrando en cada paso, pero es indispensable para ello empezar por conocerSE uno mismo, escudriñar en lo vivido y asumir la responsabilidad que tenemos en cada caída, crecer: porque ser adulto es MUCHO MÁS que tener edad. Es necesario aprender a dejar de lado la víctima, soltar el drama, la manipulación, el victimario, el arrogante, el inseguro, y plantarnos con firmeza en el HOMBRE/MUJER que demanda esa relación de pareja SANA, que todos anhelamos tener y que “pocos” podemos ofrecer.
Después de haber intentado muchas veces regirme por el famoso check list ya mencionado, tuve que encontrar, descubrir y probar mis propias pautas, que además van mucho más allá de desear que a ese hombre le guste bailar porque a mí me gusta hacerlo, lo cual es válido, pero seguramente tú, así como yo, tendrás que descubrir aquello que tiene una relevancia contundente para ti y preguntarte cuánto de eso que esperas, estás dispuesto a dar.
Y para finalizar, un punto que podría ser tema para otro artículo pero que deriva con igual relevancia de éste: LOS HIJOS.
No aspiro tener hijos, solo por tenerlos, o porque es ley de vida, o porque me llegó la hora. Para mí es un tema SAGRADO. Quiero que MIS hijos, sean literalmente fruto de un amor que de tanto amar, desee fundirse en el otro de la forma más sublime: creando VIDA, hijos producto del amor. Nuestros hijos, la sociedad futura y la humanidad entera lo agradecerán.
Te invito a reflexionar sobre el tema. A todos, como hijos, sin importar la edad que tengamos ahora, nos roba una sonrisa infantil creer que nuestros padres nos procrearon haciendo el amor amándose, nuestros hijos esperan y merecen lo mismo.
Entonces, no te resignes, aprende a esperar, la hora no nos llega a todos a la misma edad, mientras tanto, ocúpate de aprender: DE TI, de crecer: PARA TI, de buscar: EN TI, de ser responsable: CONTIGO. Finalmente TODO SIEMPRE, comienza y termina en ti y si de AMOR se trata, no te conformes...
Vanessa Díaz
Twitter: @vanessa_1312
Lo que quiero exponer hoy es algo que me inquieta profundamente y que por ser un tema tan extenso, complejo y personal, lo había pospuesto hasta hoy. Pero las heridas nos mueven y las mías me trajeron a mover el teclado.
Es MUCHO lo que se dice en torno a “la pareja ideal”… Vaya que es un tema complejo y polémico. Desde mi divorcio, el tema de la pareja, el amor y las relaciones han ocupado gran espacio en mis reflexiones. Es mucho lo que he leído, pero es aún más, lo que la vida me ha invitado a constatar, aunque no tan sutilmente… pero hoy entiendo que la contundencia de los hechos es proporcional al grado de adormecimiento que cada uno tenga.
Culturalmente, se nos ha legado como parte de la “moral” y las buenas costumbres, que “llegado el momento”, debemos buscar la persona adecuada para casarnos y formar un hogar. Y como corderitos, vamos todos arreados por este estrechísimo camino. Entonces acudimos al famoso “check list” que nos dan como patrón. Lo que (me atrevo a decirlo así) en la época de antes se hacía y entre comillas, funcionaba. La mujer para casarse, una muchacha de su casa, con valores y principios, de buena familia, con los años se le añadió: profesional y trabajadora. El hombre para casarse: un muchacho profesional, trabajador, próspero, de buena familia, económicamente solvente. Y por ahí van las pistas que todos comenzamos a seguir, con la ilusión de correr mejor suerte que otros a nuestro alrededor, que pareciera, que a pesar de haber seguido las mencionadas pautas, no les ha ido del todo como esperaban.
Y con los años “el matrimonio” ha adquirido MUY mala reputación, y aunque la gran mayoría lo anhela en silencio, ya pocos apuestan a él con la misma fe ciega de antes, sino más bien, resignados a que es ley de vida, como un mal necesario.
Siempre me ha alarmado ver, que como sociedad, nos hemos vuelto ciegos e inconcientes y hemos aceptado como “normal” que el resultado de la unión en pareja sea mayoritariamente el mismo: la insatisfacción. Pareciera que todos nos hemos resignado a que no hay forma de que en algún momento, la relación llegue a su punto de quiebre. Y entonces como consecuencia, el matrimonio, o la unión en pareja, se ha vuelto prácticamente un convenio contractual, casi como formar una empresa, cuyos productos a fabricar son: hijos y “familia”.
No sé a ustedes, pero a MÍ, me parece ALARMANTE. Será porque mis referencias en torno a la pareja y a la familia son muy especiales. Unos padres, que ante todo, primero fueron “pareja”, con amor, con entrega, con dedicación, con respeto, con ganas, con visión. Y como padres, con amor, con entrega, con dedicación, con respeto, con sacrificios, con ganas, con visión.
Es lo que aspiro y deseo construir, pero no me ha sido tan fluido y rápido como lo fue para ellos, al menos hablando en términos de tiempo y edades. Han sido muchos los intentos, empecé por esos caminos ya mencionados unas líneas atrás y que en el caso de mis padres, como quizás en el de los tuyos, funcionaron.
No pretendo imponer mi experiencia, intento que mires tu historia, desde los que te preceden hasta pasearte por todas las que te ha tocado vivir en tu experiencia personal. Que busques lo que te ha funcionado y lo que no, pero debo ser honesta, mi principal mensaje hoy, en estas líneas, es que “NO TE CONFORMES”, no te resignes a que tu historia irremediablemente será igual a todas las que miramos alrededor con tristeza y con susto. Las reglas se han querido escribir, pero no lo están, han sido dichas y nos hemos vuelto esclavos autómatas, hemos sepultado nuestra capacidad para hacerlo diferente, no desde el irrespeto, ni desde la soberbia o arrogancia, que no serviría, sino al contrario, desde el reconocer lo caduco y en honor a lo que fue y funcionó, evolucionar para dejar un mejor legado a nuestros sucesores, que además llevarán nuestra sangre y solo eso debería ser suficiente aliciente.
A mis 32 años, con un divorcio y unos cuántos fallidos intentos de encontrar mi compañero de vida, ratifico que aún no me he dado por vencida. No me voy a conformar con menos de lo que quiero, y sé, que tú, ahí sentado leyéndome, debes estar pensando que me voy a quedar para vestir santos, porque el hombre perfecto no existe. Y ciertamente no existe el hombre perfecto, pero existe el perfecto para cada quién, y LA VIDA me lo va demostrando en cada paso, pero es indispensable para ello empezar por conocerSE uno mismo, escudriñar en lo vivido y asumir la responsabilidad que tenemos en cada caída, crecer: porque ser adulto es MUCHO MÁS que tener edad. Es necesario aprender a dejar de lado la víctima, soltar el drama, la manipulación, el victimario, el arrogante, el inseguro, y plantarnos con firmeza en el HOMBRE/MUJER que demanda esa relación de pareja SANA, que todos anhelamos tener y que “pocos” podemos ofrecer.
Después de haber intentado muchas veces regirme por el famoso check list ya mencionado, tuve que encontrar, descubrir y probar mis propias pautas, que además van mucho más allá de desear que a ese hombre le guste bailar porque a mí me gusta hacerlo, lo cual es válido, pero seguramente tú, así como yo, tendrás que descubrir aquello que tiene una relevancia contundente para ti y preguntarte cuánto de eso que esperas, estás dispuesto a dar.
Y para finalizar, un punto que podría ser tema para otro artículo pero que deriva con igual relevancia de éste: LOS HIJOS.
No aspiro tener hijos, solo por tenerlos, o porque es ley de vida, o porque me llegó la hora. Para mí es un tema SAGRADO. Quiero que MIS hijos, sean literalmente fruto de un amor que de tanto amar, desee fundirse en el otro de la forma más sublime: creando VIDA, hijos producto del amor. Nuestros hijos, la sociedad futura y la humanidad entera lo agradecerán.
Te invito a reflexionar sobre el tema. A todos, como hijos, sin importar la edad que tengamos ahora, nos roba una sonrisa infantil creer que nuestros padres nos procrearon haciendo el amor amándose, nuestros hijos esperan y merecen lo mismo.
Entonces, no te resignes, aprende a esperar, la hora no nos llega a todos a la misma edad, mientras tanto, ocúpate de aprender: DE TI, de crecer: PARA TI, de buscar: EN TI, de ser responsable: CONTIGO. Finalmente TODO SIEMPRE, comienza y termina en ti y si de AMOR se trata, no te conformes...
Vanessa Díaz
Twitter: @vanessa_1312
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)