jueves, 3 de abril de 2014

La oveja negra de la familia

"La oveja negra de la familia” es una expresión popular bastante común en nuestra cultura, utilizada generalmente para calificar, o más bien debo decir, DEScalificar a algún miembro de la familia. Dicha frase, proviene del hecho de que, para los criadores de rebaños de ovejas, resultaba indeseable el nacimiento de una oveja negra, debido a que su lana no era bien cotizada en el mercado. Así, cuando nos referimos hacia algún miembro de la familia como “la oveja negra”, dejamos claro y por sentado, que se trata de un individuo que –no cumple- con las expectativas de su entorno o de la sociedad, que es alguien cuyas características son notoria y sobre todo –negativamente- distintas al del resto del grupo, por lo cual son señalados, rechazados y juzgados. Pero: ¿Qué pasa con esa persona que ha sido considerada o se ha sentido siempre -la oveja negra de la familia-? El ser señalado o sentirse poseedor de esta etiqueta, excluye a este miembro de la familia, haciéndolo perder todo sentido de pertenencia con los suyos y sus raíces. Esto conlleva a una pesada carga emocional para él o ella, que muchas veces se manifiesta en creencias y programaciones mentales negativas, creyéndose –no ser merecedor- de sus logros, y limitan su éxito. Vale decir, que la vida es mucho más flexible de lo que nos han vendido. Culturalmente nos han hecho creer que la vida debe ser vivida en un único sentido, generalmente aquel que rige nuestra familia de origen. Sin embargo, si nos proponemos mirar, más despojados de criterios heredados, nos daríamos cuenta de que, la diversidad, es mucho más natural de lo que pensamos. -SER DIFERENTES- no necesariamente implique –ser malos-. Cuánto llegamos a auto-castigarnos o a castigar a un pariente cercano, por no ser como se esperaba que éste fuera. ¡Basta de castigos! Un mismo estilo de vida no se ajusta perfectamente a todos, quizás la vida que eligió cada uno de tus padres, les sirvió y funcionó –a ellos-. Quizás lo que eligió cada uno de tus hermanos, fue provechoso para ellos, y así con cada uno. Pero: ¿por qué tendría que haber funcionado para ti? Cada decisión trae consigo una consecuencia y por lo tanto un precio a pagar. Quienes escogen repetir las decisiones de –su manada- no escapan de ello. Solo que a veces, ni ellos ni los considerados –ovejas negras- logran ser conscientes de dicho precio. Pero esto no significa que no existan. Si te ha tocado ser –la oveja negra- de la familia, basta de castigos. Aduéñate de tu vida, toma las riendas y si ya lo has hecho diferente, ahora resuélvete a que VALGA LA PENA. Hazlo con consciencia, agradece la preocupación (válida) que hayan tenido los demás por ti y ahora conquista tu vida, revierte esa falsa creencia de que ser diferente implica estar equivocado. No hay aciertos ni desaciertos en sí mismos. Los aciertos son personales y propios. Elije CÓMO vivir tu vida y luego imprímele lo mejor de ti y demuéstranos a todos, cómo eso TE HACE FELIZ. Vanessa Díaz Psicoterapeuta, Renacedora y Consteladora Familiar @conoSERte_VD @Vanessa_1312 conosertevd@gmail.com

¡Sexo! ¿Complacer o Disfrutar?

Culturalmente, el sexo, está casi tácitamente ligado al disfrute, sin embargo, siendo este un aspecto tan amplio y al mismo tiempo tan censurado por el peso de los tabúes, para muchos no necesariamente “sexo” sea sinónimo de placer. En la práctica de la sexualidad, pedirle a la pareja que nos complazca en algo específico (bien sea porque la misma es una fuente particular de placer o por experimentar nuevas sensaciones), representa una oportunidad de mucho potencial para cultivar la compatibilidad sexual de la pareja. Sin embargo, el punto determinante aquí, que hará la diferencia, radica en cómo el “dador” de dicha solicitud, asuma el desafío. Desde esta óptica, considero que hay dos formas de complacer: La primera: enfocado en el objetivo de producir placer en el otro. Bien sea, haciéndolo según nuestra propia idea de cómo sería más placentero para ella o para él; siguiendo expresamente sus instrucciones, o simplemente haciéndolo solo por cumplir una petición, sin involucrarnos demasiado en el hecho en sí, incluso algunas veces para algunos resulta hasta molesto, incómodo o desagradable y simplemente “cumplen”. Pero en cualquier caso, enfocados en el placer del otro. Desde esta perspectiva, la probabilidad de que la actividad se torne autómata, rígida y con un gran desperdicio de toda la potencialidad que representa el momento, es muy alta. La segunda forma de complacer, y es la que este artículo pretende proponer o reforzar, tiene que ver con que, al asumir este rol de “dador de placer” sea DESDE NUESTRO PROPIO PLACER. Esto dicho así, pareciera estar redundando o hablando de algo que se asume como tácito, sin embargo no es así. A ver, te invito a que pienses en los distintos juegos, tipos de estimulación, caricias o actividades sexuales que sueles realizar con tu pareja, ubícate en el rol de dador. Piensa, cuando estás estimulando a tu pareja: ¿En qué porcentaje el foco de TU atención está en que a tu pareja le guste, en que se sienta complacido, en que sienta el máximo placer y en ese pensamiento te pierdes TÚ? Me atrevo a asegurar que en un gran porcentaje, muchos se concentran más en generar placer en el otro, olvidándose o perdiendo la consciencia de sus propias sensaciones en ese justo instante. Aclaro, no es que esté mal pretender dar placer al otro, NO, ese no es el punto. La propuesta es: En este proceso de DAR placer al otro, cambiemos el foco. No te concentres en cómo le gustaría al otro, concéntrate en que te guste a TI. TÚ pasas a ser el foco principal, cómo te gusta más HACERLO, a qué ritmo, a qué velocidad, con qué intensidad te gusta -a TI-. Pero esto exige que actives al máximo cada uno de tus sentidos, exige que TE HAGAS CONSCIENTE de lo que estás haciendo en referencia a LO QUE VAS SINTIENDO a cada paso. Esto pudiera sonar egoísta, pero no. La CLAVE es que cuando ejecutas el estímulo, de la forma en que resulta más placentero para TI darlo, en la medida en que tú encuentres los máximos niveles de TU PROPIO placer ejecutando cada actividad específica, automáticamente se traducirá también, en el máximo nivel de placer que el otro puede experimentar. Entonces: ¡Por supuesto que se puede complacer al otro! Sin embargo, es vital, tomar en consideración la premisa acuñada en el artículo de la edición anterior: “El cerebro es el principal órgano sexual”, por lo tanto es primordial preparar nuestra mente para el encuentro sexual, generar apertura para desmontar los programas mentales instalados que nos llevan a desempeñarnos en –modo automático- impidiendo el paso a lo nuevo. Romper viejos y limitantes esquemas. Así que comencemos desde la mente, a generar una actitud orientada a la búsqueda y exploración de nuevas sensaciones, ir al acto sexual haciéndonos CONSCIENTES de cada uno de nuestros sentidos, activarlos, poner atención, estar presente en cuerpo, mente y alma. Deshacernos de esa vieja costumbre de complacer para el disfrute del otro. El nuevo enfoque consiste, en que al momento de realizar algún juego o actividad sexual sea DESDE NUESTRO PROPIO PLACER y esto NECESARIAMENTE contempla la auto-exploración, el auto-aprendizaje, el auto-descubrimiento para encontrar la forma en que resulte más placentero para ti en el intento de complacer al otro. Poner esto en práctica no solo hará la diferencia en ti, sino que tu pareja experimentará nuevos niveles de placer. ¡Es un juego! Tú disfrutas al máximo, por lo tanto, tu pareja disfruta al máximo, y entran en un circulo en el que lo único que puede pasar, es que estallen de puro placer. Entonces ¿Complacer? Sí, válido, pero a partir de ahora que no sea excluyente del propio disfrute. De ahora en adelante que sea: complacer “Y” disfrutar. Caminemos juntos este viaje hacia nuestro ser esencial, donde la clave es conoSERte. Vanessa Díaz Psicoterapeuta, Renacedora y Consteladora Familiar @conoSERte_VD @Vanessa_1312 conosertevd@gmail.com

¡S e x o! Creencias y prejuicios

¿Qué piensas acerca del sexo? Tómate unos minutos y observa qué pensamientos generas cuando lees o escuchas esta palabra, de ser posible anótalos. El sexo es un tema bastante frecuente en los grupos, aunque generalmente suele abordarse de forma jocosa y/o usando el –doble sentido-. Sin embargo, cuando el “sexo” es traído a colación, independientemente del artificio del que se valga, sin duda genera un efecto en nosotros. Parte de este efecto, quizás sea manifestado con fines amigables y participativos dentro del grupo, pero: ¿qué pasa con aquellos pensamientos y dudas que surgen a partir de esta inocente tertulia y que nos reservamos en nuestro interior?; ¿Dónde se originaron y cuánta importancia les damos? Y es que en torno al sexo yacen grandes tabúes en los que comúnmente nos sentimos inmersos, con la muy falsa idea de estar atrapados –SOLOS- en ellos, sin saber que este espacio de dudas, inquietudes y temores es mucho más compartido por muchos, de lo que imaginamos. Si hiciéramos el ejercicio de preguntar en nuestro entorno quién recibió a temprana edad una educación sexual que le diera la suficiente información para iniciar su sexualidad con cierto nivel de preparación, lo más probable es que el mayor porcentaje responda “no haberla recibido”. En nuestra cultura, la sexualidad no ha sido un tema a considerar, al menos con carácter formal, en la educación y formación de un individuo. Esto ha originado que la información que recibimos venga sesgada por quien o quienes la provean y en consecuencia, nuestra posterior relación con la propia sexualidad estará igualmente muy impactada por los juicios, con los que esta información fue originada. Por lo tanto, nuestra vida sexual o capacidad de respuesta sexual, es un aspecto que, al menos en principio, está marcado por una programación mental instalada. Dicha programación puede ser permisiva, de apertura y enfocada al placer o más bien prohibitiva, restrictiva, culposa con tendencia a lo no placentero o molesto. Si a esto añadimos que en términos generales, culturalmente, el sexo ha sido reducido netamente a su aspecto físico, nos encontramos con un escenario saturado de limitaciones y restricciones. Todos estos factores y muchos otros, no mencionados aquí, perjudican nuestrasexualidad y nos impiden, no solo una vida sexual sana sino también que ésta vaya en evolución y crecimiento. En estos tiempos de expansión de la conciencia, la sexualidad no puede quedarse atrás, es hora de comenzar a concientizar la gran relevancia que tiene este aspecto por demás natural en el ser humano y mover sus falsos linderos para comenzar a darle cabida a nuevas concepciones y desmitificar aquellas que hemos heredado de forma perjudicial, con el fin de liberarnos de tabúes y paradigmas que reprimen y restringen nuestro desempeño sexual para comenzar a sentirnos dignos y merecedores de dar y recibir placer. Para ello, resulta de vital importancia concientizar que el órgano sexual más importante es: EL CEREBRO. Éste es capaz de despertar o bloquear la respuesta de eventos físicos relacionados con la excitación sexual. Por esta razón, es imprescindible cuestionar, analizar y reconsiderar las creencias y prejuicios que hemos adoptado en torno a la sexualidad. Si nuestro sistema de creencias alberga ideas como: el sexo es malo, sucio, pecaminoso, enfermizo, nuestra sexualidad se verá afectada de forma negativa, alejándonos del placer y sus consecuentes beneficios. Convendría examinar estas creencias y buscar las herramientas para transformarlas y propiciar así una predisposición más beneficiosa para la propia sexualidad. El sexo, o acto sexual despierta en nosotros la energía sexual, ésta a su vez es ENERGÍA DE VIDA, y tiene un efecto en nuestros cuerpos: físico, emocional, mental y espiritual. Es una energía asociada directamente con el placer, por lo tanto, puede decirse que TODO aquello que produzca “placer” es energía sexual. Retomemos la pregunta inicial: ¿Qué piensas acerca del sexo? ¿Qué pensamientos te surgen? Si hace ya un tiempo que has iniciado tu vida sexual, probablemente responderías que el sexo es sinónimo de placer, de gozo y disfrute, o quizás no. Entonces, ahondemos un poco más. Centremos la atención en ese aspecto de tu sexualidad que no resulta tan placentero y para ellos los invito a buscar información, a investigar, indagar acerca de ejercicios y prácticas que nos aporten los cambios necesarios para mejorar y potenciar nuestra vida sexual. En este espacio, en futuras publicaciones, estaremos compartiendo más tópicos relacionados con este tema, con la idea de proporcionar apoyo y guía a quienes les resulte de interés. Vanessa Díaz Psicoterapeuta, Renacedora y Consteladora Familiar @conoSERte_VD @Vanessa_1312 conosertevd@gmail.com