miércoles, 1 de junio de 2011

Si de AMOR se trata, no te conformes...

Entre los infinitos temas humanos, el amor, es uno de los que más me apasiona… Y esto no es casualidad, es netamente “caUsal”, pues ha sido el ámbito de mi mayor trabajo personal…

Lo que quiero exponer hoy es algo que me inquieta profundamente y que por ser un tema tan extenso, complejo y personal, lo había pospuesto hasta hoy. Pero las heridas nos mueven y las mías me trajeron a mover el teclado.

Es MUCHO lo que se dice en torno a “la pareja ideal”… Vaya que es un tema complejo y polémico. Desde mi divorcio, el tema de la pareja, el amor y las relaciones han ocupado gran espacio en mis reflexiones. Es mucho lo que he leído, pero es aún más, lo que la vida me ha invitado a constatar, aunque no tan sutilmente… pero hoy entiendo que la contundencia de los hechos es proporcional al grado de adormecimiento que cada uno tenga.

Culturalmente, se nos ha legado como parte de la “moral” y las buenas costumbres, que “llegado el momento”, debemos buscar la persona adecuada para casarnos y formar un hogar. Y como corderitos, vamos todos arreados por este estrechísimo camino. Entonces acudimos al famoso “check list” que nos dan como patrón. Lo que (me atrevo a decirlo así) en la época de antes se hacía y entre comillas, funcionaba. La mujer para casarse, una muchacha de su casa, con valores y principios, de buena familia, con los años se le añadió: profesional y trabajadora. El hombre para casarse: un muchacho profesional, trabajador, próspero, de buena familia, económicamente solvente. Y por ahí van las pistas que todos comenzamos a seguir, con la ilusión de correr mejor suerte que otros a nuestro alrededor, que pareciera, que a pesar de haber seguido las mencionadas pautas, no les ha ido del todo como esperaban.

Y con los años “el matrimonio” ha adquirido MUY mala reputación, y aunque la gran mayoría lo anhela en silencio, ya pocos apuestan a él con la misma fe ciega de antes, sino más bien, resignados a que es ley de vida, como un mal necesario.

Siempre me ha alarmado ver, que como sociedad, nos hemos vuelto ciegos e inconcientes y hemos aceptado como “normal” que el resultado de la unión en pareja sea mayoritariamente el mismo: la insatisfacción. Pareciera que todos nos hemos resignado a que no hay forma de que en algún momento, la relación llegue a su punto de quiebre. Y entonces como consecuencia, el matrimonio, o la unión en pareja, se ha vuelto prácticamente un convenio contractual, casi como formar una empresa, cuyos productos a fabricar son: hijos y “familia”.

No sé a ustedes, pero a MÍ, me parece ALARMANTE. Será porque mis referencias en torno a la pareja y a la familia son muy especiales. Unos padres, que ante todo, primero fueron “pareja”, con amor, con entrega, con dedicación, con respeto, con ganas, con visión. Y como padres, con amor, con entrega, con dedicación, con respeto, con sacrificios, con ganas, con visión.

Es lo que aspiro y deseo construir, pero no me ha sido tan fluido y rápido como lo fue para ellos, al menos hablando en términos de tiempo y edades. Han sido muchos los intentos, empecé por esos caminos ya mencionados unas líneas atrás y que en el caso de mis padres, como quizás en el de los tuyos, funcionaron.

No pretendo imponer mi experiencia, intento que mires tu historia, desde los que te preceden hasta pasearte por todas las que te ha tocado vivir en tu experiencia personal. Que busques lo que te ha funcionado y lo que no, pero debo ser honesta, mi principal mensaje hoy, en estas líneas, es que “NO TE CONFORMES”, no te resignes a que tu historia irremediablemente será igual a todas las que miramos alrededor con tristeza y con susto. Las reglas se han querido escribir, pero no lo están, han sido dichas y nos hemos vuelto esclavos autómatas, hemos sepultado nuestra capacidad para hacerlo diferente, no desde el irrespeto, ni desde la soberbia o arrogancia, que no serviría, sino al contrario, desde el reconocer lo caduco y en honor a lo que fue y funcionó, evolucionar para dejar un mejor legado a nuestros sucesores, que además llevarán nuestra sangre y solo eso debería ser suficiente aliciente.

A mis 32 años, con un divorcio y unos cuántos fallidos intentos de encontrar mi compañero de vida, ratifico que aún no me he dado por vencida. No me voy a conformar con menos de lo que quiero, y sé, que tú, ahí sentado leyéndome, debes estar pensando que me voy a quedar para vestir santos, porque el hombre perfecto no existe. Y ciertamente no existe el hombre perfecto, pero existe el perfecto para cada quién, y LA VIDA me lo va demostrando en cada paso, pero es indispensable para ello empezar por conocerSE uno mismo, escudriñar en lo vivido y asumir la responsabilidad que tenemos en cada caída, crecer: porque ser adulto es MUCHO MÁS que tener edad. Es necesario aprender a dejar de lado la víctima, soltar el drama, la manipulación, el victimario, el arrogante, el inseguro, y plantarnos con firmeza en el HOMBRE/MUJER que demanda esa relación de pareja SANA, que todos anhelamos tener y que “pocos” podemos ofrecer.

Después de haber intentado muchas veces regirme por el famoso check list ya mencionado, tuve que encontrar, descubrir y probar mis propias pautas, que además van mucho más allá de desear que a ese hombre le guste bailar porque a mí me gusta hacerlo, lo cual es válido, pero seguramente tú, así como yo, tendrás que descubrir aquello que tiene una relevancia contundente para ti y preguntarte cuánto de eso que esperas, estás dispuesto a dar.

Y para finalizar, un punto que podría ser tema para otro artículo pero que deriva con igual relevancia de éste: LOS HIJOS.

No aspiro tener hijos, solo por tenerlos, o porque es ley de vida, o porque me llegó la hora. Para mí es un tema SAGRADO. Quiero que MIS hijos, sean literalmente fruto de un amor que de tanto amar, desee fundirse en el otro de la forma más sublime: creando VIDA, hijos producto del amor. Nuestros hijos, la sociedad futura y la humanidad entera lo agradecerán.

Te invito a reflexionar sobre el tema. A todos, como hijos, sin importar la edad que tengamos ahora, nos roba una sonrisa infantil creer que nuestros padres nos procrearon haciendo el amor amándose, nuestros hijos esperan y merecen lo mismo.

Entonces, no te resignes, aprende a esperar, la hora no nos llega a todos a la misma edad, mientras tanto, ocúpate de aprender: DE TI, de crecer: PARA TI, de buscar: EN TI, de ser responsable: CONTIGO. Finalmente TODO SIEMPRE, comienza y termina en ti y si de AMOR se trata, no te conformes...

Vanessa Díaz
Twitter: @vanessa_1312